Por José Martín Rojas Ramírez
En el ambiente de trabajo o el entorno en el que nos desenvolvemos a veces ocurren cambios sustantivos a los que debemos adecuarnos para sobrevivir o destacar, de tal manera que el impacto que pudiera originar en nuestra estabilidad laboral o anímica sea el menor posible, y más bien podamos sacar provecho del mismo.
Puede estar cambiando la composición del entorno laboral por reestructuración de personal o cambios de los directivos o de la política, o puede estar cambiando la legislación relacionada con nuestro sector o producto.
Siempre debemos estar en preparación constante, huir de la mediocridad, del dejar pasar los días sin afán de superación. Si nos enfrentamos a una evaluación, a un cambio o pérdida de trabajo, debemos contar con medidas contingenciales para saber actuar con rapidez y precisión cuando esto suceda.
Para esto efectuemos autoevaluaciones constantes, autocríticas que nos permita ver nuestras debilidades y disminuirlas. Debemos aceptar que los cambios se dan, las leyes y los procesos cambian constantemente y debemos estar siempre actualizados y preparados.
Todo cambio es positivo, nos saca de la inercia, del aletargamiento y nos da la oportunidad de poner en práctica nuestra imaginación y buscar soluciones creativas para innovar nuestros procesos de funcionamiento propio de la oficina.
Debemos diseñar planes de contingencia con revisión periódica adecuándose a los posibles cambios que se puedan presentar en el entorno. Mantenernos alerta de las nuevas tendencias del mercado y los procesos modernos de la competencia para mantenernos competitivos.
Si es posible, debemos ser nosotros los que innovemos, que propongamos los cambios, para esto debemos asumir riesgos, ser audaces, sólo así mantendremos la competitividad; no sólo en nuestro trabajo sino en nuestra vida personal.









