Con “clarito” en el norte si me quedo

Por: Sonia Ramos Baldárrago

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En pocos lugares uno se siente dentro estando fuera. “Pasen, pasen a probar el clarito” pudiesen ser palabras nada amenazantes, pero que al escucharlas, el atrevido visitante cae rendido al cruzar cualquier angosta puerta en cuyas fachadas una bandera blanca, es la llamada del jarabe bendito. 

Y es que en Catacaos el atardecer siempre tentador es otro factor influyente. Entre los rústicos locales salta al paso el de Doris Poicón Ramirez, pequeña de estatura, pero gran heredera de la tradición piurana. 

Al sentarse, Doris tiende sobre la mesa un pequeño mantel blanco y coloca un CD del grupo popular con nombre propio en su equipo algo moderno que contradice el ambiente rústico. 

“…Escuche tu voz por el teléfono…mi corazón comparte contigo tu tristeza…” es parte de la letra musical con sabor a norte. ¡Agua Marina señores! entona a pulmón un acompañante en la picantería de Catacaos. 

No quedaba otra opción. “Señora un balde de clarito de cinco soles para tomar en potito y no se diga más”.  

Si bien es cierto expresar sólo ¡salud! al sostener el potito y beber el clarito es sencillo, su preparación no lo es. “El primer día cocinamos la harina del maíz con afrecho para luego dejarlo enfriar. El segundo, lo re cocinamos, el tercer día lo cernimos en el tocullo (un tipo de tela) y el cuarto día ya esta listo para la venta”, explica con sonrisa coqueta doña Doris, una de las dueña del clarito. 

Luego de la laboriosa jornada y bajo el calor piurano, los felices comensales de la bebida dulce son engañados, en el buen sentido, al pedir ¡otro balde por favor! y es que sabe que cuando la jarana se disfruta sentado, otra cosa sucede de pie. 

Un adormecimiento muscular empieza a entorpecer el movimiento y la cabeza parece haber crecido unos centímetros a la redonda. Aquel juguito blanquito, ¡sí! el clarito, por él es posible quedarse en Piura, embrujado por su dulce sabor bailando la elegante marinera, esa que dice:   

“…los sábados era el frito, 

los domingos el estofado 

y los martes el cabrito 

y asentábamos con clarito”    

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