Sonia Ramos Baldárrago/Diario Noticias (Arequipa)
Cuando la tierra tembló el 15 de agosto del 2007, Isabel Yonjoy Huamán no olvidó a su protectora, a su madre: la Virgen de Chapi. La furia de la tierra tiró al piso la imagen de la Virgencita, la que le devolvió la vida luego de que hace cuatro años le detectaran principios de cáncer.
Ayer llegó a Chapi para cumplir su promesa: llevar una réplica de la “mamita” hasta Pisco. Fueron diez horas de inexplicable ansia para Isabelm, quien viajó hasta Polobaya con sus dos hijos y esposo, el mismo que por delante marcaba el paso del trayecto hasta llegar al altar mayor.
Isabel caminó desde Siete Toldos durante la madrugada. Ni el viento helado y cortante, ni el dolor intenso en sus pies la detuvieron. Bastó acercarse hasta el altar mayor armado en la explanada del Santuario en Chapi para que su voz se quiebre y entrecorte al decir: “Cuando vienes quieres tocarla y no sabes cómo agradecerle sus milagros”.
La familia Yonjoy viaja desde Pisco cuatro años continuos y volverá a caminar entre por terrenos aún rocosos y quebradas empinadas al siguiente año, si la Virgen les permite regresar.
Eran las diez y treinta de la mañana y se volvía cada vez notable encontrar a una familia de Pisco. Vanesa Arellano terminó de desarmar su carpa y luego, junto a la numerosa familia de siete miembros, empezó a recoger pequeñas piedras para formar un pequeño círculo donde el fuego de cuatro velas parecía luchar por mantenerse vivo.
La devoción de estos Pisqueños ya es una herencia sin precio. Rosa Linda de tan sólo dos añitos, no puede hablar pero sonríe al apretar fuerte a su madre, Vanesa Arellano. Y es que a la pequeña le detectaron hernia enginal a unos días de nacida. Pero la fe fue más fuerte que el mal y ayer pudieron nuevamente reunirse con la que llaman madre, a la que no pueden definirla en una sola palabra.
Desde Cañete
Amalia Vargas de Cornejo contó que al perder dos hijos hace más de treinta años, la Virgen de Chapi la bendijo con seis hijos. ¡Fue un milagro! La vida de su madre se extinguía en minutos por un derrame cerebral, pero en un cerrar de ojos luego de que su madre le dijera: “Hija que es ese bulto” y ella le respondió - es la Virgen de Chapi- todo cambió y ayer doña Eutimia Sánchez de Cornejo a sus 84 años, llegó a los pies de la “mamita” entonando entre lágrimas “a tus pies señora cansada llegué, cercada de angustias y de penas mil…”.
Hora central
Era casi imposible caminar por la explanada a las 11 de la mañana, cuando la multitud de feligreses se disponía a entregarse por completo durante la misa principal. En el terreno algunas carpas que amanecieron del día anterior, sirvieron de refugio del intenso sol, pero hubo otros que sin gorro olvidaron la radiación quemante durante la hora y media que duró la homilía animada por el coro Misterio de Música del Arzobispado; otros desde la cima bajaban apresurados para estar presentes en el acto religioso.
A cinco minutos bajando la explanada, también hubo viajeros de Ica, Chincha y más cerca de Arequipa, Omate que bajaron para llenar botellas del agua bendita, para el negocio, la salud, para derramarla por la casa.
En estas circunstancias el negocio tampoco pudo estar ausente. El blandito pan de Omate, de Chapi, las medallitas milagrosas o estampas de la Sagrada Imagen se vendieron como ningún otro día. Que decir de los gorros y las bebidas refrescantes para aplacar la sed que por momentos desesperaba.
Y, no faltaron quienes aprovechando del hambre mayor, ofertaban platos de hasta diez soles.
A las 12:30 horas que inició la procesión, fue posible ver de cerca rostros acongojados que sosteniendo frescas rosas entre manos cruzadas, caminaron siguiendo los pasos de la “virgen milagrosa”.
Los niños
Aunque corrían en su edad inquieta, lograban juntarse y sin conocerse compartían su experiencia en Chapi. Fueron los que apuraron a mamá y papá en la caminata agreste. Cubiertos de polvo hasta las puntas de los cabellos vivieron en su inocencia un día de encuentro con la Virgen de Chapi.
Y ni los niños mayores, cubiertos de pelo cano y cansados por el paso de los años, dejaron de viajar hasta el Santuario en Poloboya para agradecer a la mamita o suplicarle por algún milagro que sólo su corazón conoce.




