De ida y vuelta

Por: Wilson Alcántara Terán*

 

Las condiciones sociales de los seres humanos desde sus inicios hasta la actualidad han sufrido cambios vertiginosos; es decir, los hábitos y las costumbres, paulatinamente, evolucionaron de ciclo en ciclo, producto del desarrollo espiral de la humanidad.

 

Así, realizando un recorrido histórico de vida en sociedad, observamos en la primera plataforma que la actividad humana se llevó a cabo entre la caza, la pesca y la recolección de algunos frutos que la naturaleza ofreció para satisfacer la primera necesidad básica vital, la alimentación.

 

En la segunda plataforma, los cazadores se convierten en pastores, iniciándose la domesticación de los animales, por ende, la actividad errante pasa a ser sedentaria, contribuyendo ésta, al surgimiento de una nueva necesidad básica, la vivienda.

 

En la tercera plataforma, los sedentarios se convierten en expansionistas; es decir, poner en cultivo nuevas tierras, aumentar su productividad, garantizar la estabilidad, mantener más animales. La riqueza aumenta, la población se incrementa, apareciendo una nueva necesidad básica la especialización.

 

En la cuarta plataforma diríamos que los especialistas se transformaron en maestros debido a la presencia de la sofisticación como nueva necesidad básica de la vida en la sociedad.

 

Así pues, tal ha sido el grado de nuestra evolución que hemos llegado a la cúspide de desarrollo humano, donde se respira y se traspira globalización, siendo el norte obligatorio por seguir, la ciencia y la tecnología. Asimismo, el flujo y el reflujo de capitales, bienes, servicios y personas constituyen el péndulo que marca cada segundo del devenir de la humanidad.

 

Por otro lado, lo virtual es operador eficiente y eficaz de sentimientos y emociones a distancia y por último el pan nuestro que cada día se convierte en sintético. Realmente, vivimos en un mundo de brutal competencia, de rapidez desesperada, de estrés colectivo y de sobrevivencia ansiosa.

 

Lo que está causando una reacción natural en la humanidad, el trastorno en el sentido de equilibrio social provocando la caída de las formas contemporáneas de vida por aquellas viejas pero sabias costumbres. Por ello, observamos que cada vez es y será más frecuente la migración poblacional de la ciudad al campo como necesidad vital de buscar nuevas y mejores condiciones de vida, donde: el aire que se respire no sea el global, las junglas de cemento cancerígenas sean extirpadas por el verdadero pulmón verde de la flora, las hojalatas, bolsas y botellas del supermercado se reemplacen por la carne fresca y tierna del corral, los cereales, legumbres, frutas y verduras griten libertad y el agua pura y cristalina discurra serpenteante de emoción.

 

Asimismo, el escape de la “independencia civilizada” está contribuyendo a la búsqueda de afecto y cariño diario de los padres como padres y de los hijos como hijos, donde la familia no sólo sea sino parezca. Así pues, nuestra realidad está trazada y en nuestras manos está dirigir el rumbo de la humanidad.

 

*wilaltexy5@hotmail.com

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