Por Marco Orlando Agurto Sánchez.

Que Bueno es saber que los pueblos nativos aprendieron a defender su dignidad tras experimentar los problemas derivados de la minería. Y esto porque han entendido que esta actividad daña el medio ambiente afectando la salud de las personas y destruye el hábitat natural de las especies salvajes.
En la región Piura se han dado dos casos que podrían simbolizar lo anteriormente dicho: Tambogrande y las comunidades Yanta y Segunda y Cajas. Ellas luchan en defensa de sus vidas y contra la contaminación que podría exterminar la agricultura heredada de sus ancestros, y sobre todo, acabar con la vida de su ganado.
Las minas operan según el tipo de mineral que busquen; las operaciones mineras pueden destruir grandes extensiones de terreno y los materiales de desecho que son abandonados pueden inhabilitar áreas agrícolas para la producción y recursos hídricos.
Acaso podría decirse que una región no acostumbrada a este tipo de actividades tiene temores infundados y ello no es verdad. Más bien podría hablarse de la asunción de medidas de defensa ante las catástrofes vividas por otras comunidades donde los problemas son latentes y constantes.
No hay lugar en la tierra donde la actividad minera no haya hecho daño, sobre todo al medio ambiente cuando destruye masivamente los recursos agrícolas y el ganado causando hambrunas y un creciente número de enfermedades graves derivadas de la contaminación.
Los desechos químicos contaminan las fuentes de agua y como consecuencia envenenan a personas y animales. Las emanaciones de dióxido de azufre, monóxido de carbono y polvos tóxicos causan un tremendo daño varios kilómetros a la redonda. Ejemplo de esta afirmación son las fundiciones de La Oroya y Pacasmayo que producen polvo de plomo que envenena la sangre de las personas; y las minas de piedra caliza y las fábricas de cemento producen un polvo que daña las tierras agrícolas limitando la producción.
El proyecto Río Blanco que pretende iniciar actividades mineras en la sierra piurana ha sembrado muchos temores que se derivan de lo expuesto anteriormente y que podría además generar escasez de agua y la contaminación de este recurso. Esta es la conclusión del Informe Final del análisis hecho por el grupo británico Perú Support Group, hecho público en mayo pasado.
Río Blanco Copper, es la nueva razón social de minera Majaz, tiene la convicción de convertirse en poco tiempo en la más moderna empresa minera del país, pero sus ofrecimientos y dádivas no son aceptadas por los nativos de la zona afectada, porque son conscientes que después, cuando se agoten los metales sólo quedará deshechos contaminantes y pobreza por todo lado teniendo cuenta que sus efectos duran cientos de años.
Razón tiene Monseñor Turley de la Diócesis de Chulucanas cuando rechaza la pregonada convivencia entre minería y agricultura, no porque sea realmente imposible, sino por la existente corrupción que podría darse por parte de los poderosos con los encargados de defender los intereses de los grupos humanos cercanos o del estado.
La defensa del hábitat de muchos seres sigue en pie y debe fortalecerse para eliminar los males de la minería que son realmente nefastos para unos y contradictoriamente riqueza para otros.
Estos son los peligros que amenazan el ambiente y cuando en el mundo se toma conciencia que hay que preservar el futuro de la tierra, no debemos permitir que la minería que es un recurso agotable, dañe irremediablemente la agricultura ancestral de nuestra gente. Protejamos el aire evitando el efecto invernadero que causa la acumulación de gases en la atmósfera, principalmente vapor de agua, metano y gas carbónico. El agua, elemento indispensable para la vida, no es inagotable. Mares y océanos, lagos y ríos están contaminados por los desechos industriales y domésticos que se derraman en ellos.
Teniendo en cuenta que la contaminación no tiene fronteras, hagamos esfuerzos para que la minería no sea una actividad maligna entre nosotros.
Piura, 01 de julio del 2008.










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