Por: Ricardo Musse Carrasco

“Magenta” –que ya cumplió tres años de existencia- nació en las calurosas tierras solares de Piura como un grupo de escritores ensimismados dentro de autárquicas concepciones literarias, esto es, a sus integrantes sólo los impulsaba –y todavía sigue siéndolo- poseer al ser verbal -a su atrayente cuerpo ficcional- y testimoniar, además, su compromiso solamente con la palabra; pues en el boletín número 21 proclamaron: Nuestro grupo existe libre e independiente de cualquier institución o ideología y está siempre a favor de la propagación masiva de la literatura en Piura. Y esto lo han cumplido de modo inconmovible.
A los “Magenta” les resbalan los imperativos ideológicos y desdeñan los metarrelatos que sostuvieron a la Modernidad: La que entronizó la razón, la ciencia, la tecnología y la historia, concebida ésta como un hilo conductor de previsible desenlace. Fuera de la literatura nada de nada tiene real sentido y para su visión secularizada aquélla es divertimento textual, purismo metaliterario -pues las obras son los actos de un único sujeto mental que llena el universo- e insoportable levedad del ser poético.
En los “Magenta” no he encontrado –en alguno de sus boletines- algún pronunciamiento sobre hechos extraliterarios ya sea sobre el Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) acerca del conflicto interno que se desarrolló de 1 980 a 2 000 (aunque Josué Aguirre Alvarado –“Los mandos rojos”- y Ángel Hoyos Calderón –“Confesiones de medianoche”- desarrollan temáticamente estos hechos en sus libros narrativos), la invasión a Irak del imperio norteamericano y sus aliados de occidente, la agresión de China sobre el Tibet, o sobre los secuestrados por la FARC entre ellos Ingrid Betancourt; entre otros.
Los “Magenta”, en cuanto a su estilo discursivo, prescinden de los referentes costumbristas y advierten una manifiesta aversión a “andinizar” su escritura donde hayan burros, algunos algarrobos y personas con sombreros de paja, camisas blancas y chancletas; historias de gente del campo, que habla con desidia y cree en aparecidos (esta declaración de principios, formalizada en el boletín número 25, los hizo acreedores del mote: Burgueses racistas). Muy por el contrario, un refrescante cosmopolitismo y urbanismo verbal recorren sus estructuras textuales.
Finalmente, Yo; hijo lacerado por los convulsionados años noventa, ideologizado hasta los tuétanos, angustiado creyente de la Santísima Trinidad, fraguada mi retórica en la ebullición de los debates epocales y racionalista hasta en mis compungidos latidos; me pregunto ¿Qué me une, desde hace dos meses, a esta postmoderna generación magentiana? Dos cosas -en esto sí estoy recontra seguro-: El sufrimiento por el mero hecho de existir y la redentora escritura literaria.










Interesante, podrian contarme, por que esta comunidad tiene el nombre de “Magenta”. Gracias.