Por José Chlimper
Como usted, amigo lector, durante el último año he escuchado más sobre Machu Picchu que en toda la década anterior. ¡Bravo por Meche Aráoz por la exitosa campaña de reconocimiento internacional! Es así que el 29 de julio pasado decidí visitar el santuario en compañía de mi espiritual esposa. He esperado 45 días antes de escribir este artículo con la disciplinada pero infructuosa intención de que mi ira amaine.
Durante 45 días he soñado que las cultas damas de la alta dirección del Instituto Nacional de Cultura (INC), encargado de la administración del parque, tengan que usar en sus cómodas oficinas de Cusco o Lima baños similares a los que -previo pago de un sol, sin factura, sin boleta, sin recibo aprobado por la Sunat- le ofrecen a los más de 800,000 turistas que anualmente visitan Machu Picchu. Baños de dos retretes cada uno, limpios como los del Estadio Nacional al final de unclásico de domingo.
El sistema funciona más o menos así: 850,000 turistas visitarán este año el parque. 70% pagará al INC el boleto internacional de 122 soles. El 30% restante pagará el boleto nacional de 61 soles. En total los visitantes pagarán algo más de 88 millones de soles por boleto de visita. Si la mitad quiere usar el baño sume usted 1,200 soles diarios que no le alcanzan al INC para mantener los baños limpios.
En el reverso del boleto hay 12 instrucciones-advertencias, escritas en inglés y castellano. La primera de ellas reza: Plastic bottles not allowed, que traducida (por el INC) al español dice Llevar bebidas sólo en
cantimploras (¿?). Gracias a Dios que -siendo el parque administrado por un antropólogo, el doctor Fernando Astete- nadie controla esto y los turistas podemos llevar algo de agua para una visita que en promedio durará 4 horas, ya que dentro del parque no se ofrece ningún servicio. Salvo algunos estudiantes cusqueños malandrines, ningún turista nacional o extranjero bota las botellas vacías de agua al piso (único sitio donde podría depositarlas pues no hay un solo basurero).
Terminado el ascenso desde Aguas Calientes, en cómodos buses del monopolio otorgado sin licitación a una empresa amiga, Consetur, que cobra 14 dólares por un trayecto que podría valer 6 dólares, (US10-11 millones al año) viene la segunda cola. Sólo hay dos personas para atender (desglosar y sellar – ¡sí sellar, como en la Colonia!) el boleto a 2,600 pasajeros que ingresan diariamente.
Ni antes, ni después de ese punto hay alguna oficina, oficinita, posta o tambo del INC con algo así como Información al Turista.
Servicios al Turista Lost and Found. Nada. Tampoco hay carteles explicativos de lo que uno está viendo (bonitos, bajos, adecuados, de metal, en alto relieve) como hay en los monumentos europeos de siglos o milenios antes del joven Machu Picchu. Uno de los 5 guardaparques del turno día (porque al igual que el aeropuerto del Cusco, Machu Picchu está innecesariamente cerrado a partir de las 5 p.m., limitando su capacidad de servicio al 50% de lo que podría ser) me explicó que eso era para no afear el santuario y no
introducir elementos extraños. Pero esta antropológica explicación no es consistente con el hecho que :
(1) parte de la reconstrucción de los recintos incaicos la hayan hecho con durmientes reciclados de Enafer, dejando visible el código Enafer.
(2) Que los techos del hotel que han permitido construir sean de teja-calamina, debiendo estar en todo caso cubiertos de ichu, como eran los techos hace 6 siglos,
(3) que la tubería de agua de 4 pulgadas y 7 kms de largo que nace en el extrañísimo manante de agua -cerca de la Puerta del Sol- y que es el único en todo el Batolito de Vilcabamba (150 kilómetros cuadrados de sólido granito, en cuyo centro está Machu Picchu) esté por partes al descubierto, a la vista de todos los turistas, y
(4) que el personal del INC de Machu Picchu recoja agua para sí, desde uno de los 17 canales que pasan por los recintos sagrados, usando dos baldes de plástico sansón color naranja y una vieja y arrugada botella de plástico de dos litros, pudiendo por último hacerlo con chombas de cerámica de Ayaviri y tejas de Piñipampa. Parece que lo que en realidad interesa son los 88 millones de soles al año: El botín.











relamente es un atentado alas ruinas de machupicchu y por la corrupcion que hay en el INC cusco que permite que a los turistas se los trate mal con un pesimo servicio es absurdo que alos peruanos se nos cobre 61 soles por visitar las ruinas incluso tambien alos cusquños tambien les cobran, tengo la suerte de que tramite mi dni con mi domiclio que tengo en aguas calientes solo haci tengo ingreso libre a las ruinas y a todos los restos arqueologicos del cusco de inters turistico . pero se deberia de cobrar un monto simbolico de 10 soles a los nacionales y 5 soles a los estudiantes incluyendo alos cusqueños que solo pueden visitar las ruinas los terceros domingos de mes gratis pero con compra de boletos con anticipacion