Colapso de desagües en Urb. Ignacio Merino

Diario El Tiempo.

PIURA.- Ni bien llueve en Piura, lo común es mirar cómo quedó la Urb. Ignacio Merino. Los 3,9 milímetros que cayeron ayer en Piura, sólo parecen ser un preludio de lo que vendría, de presentarse nuevas lluvias. Sin embargo, la amenaza mayor para los vecinos de la manzana L, ubicada en la zona más baja de la sufrida urbanización, es la sobrecarga en  su red de alcantarillado, debido al incremento de desechos procedentes de edificios multifamiliares cercanos. Ayer, las aguas negras afloraron incluso dentro de las casas, el periodo lluvioso ya empezó y también la cuenta regresiva. EPS Grau estudia una solución.

Sus patas delanteras levantadas al sol llaman más la atención que el hocico enfangado de rata vencida. La muerte, seguramente causada por gases tóxicos de las alcantarillas colapsadas ayer en Ignacio Merino, la sorprendió en plena fuga. Había salido de una de las cajas de desagüe de la manzana L. Tendría que haber muerto con la cola enterrada en el barro negro que ahora riega un ficus recién podado, delante de la casa 13. Pero extrañamente se echó a esperar su último segundo, en una extraña postura, panza arriba, justo al lado de la palabra “bienvenidos”, escrito en el jebe de limpiarse los zapatos. El roedor, símbolo de la corrupción peruana, me da la bienvenida, burlándose de dos plantas de sábila de la buena suerte, después de un baño negro. Porque el verde de todos los jardines de por aquí, ahora es negruzco. Adentro de la casa, doce años después de luchar contra inundaciones y lluvias como la mayoría de vecinos de la llamada “cuenca ciega” de Ignacio Merino, los Barranzuela Rugel esperaban atentos a que el agua empiece a ingresar para subir los muebles, las mesas, los adornos, al segundo piso, como en el Niño de 1998.

-Ese año el agua llegó hasta aquí.

Dice Germán, levantando la mano más arriba del interruptor de su sala. Germán Barranzuela tiene chancletas blancas con figuras anaranjadas, camiseta con publicidad de pintura y el alivio de que hoy (ayer) no tuvo que ir a clases en la Facultad de Derecho, porque hay huelga en la Universidad Nacional. Pero si hubiera tenido que ir a estudiar, habría llegado tarde, porque los inodoros y las duchas no funcionaron, igual que en las 13 viviendas de la manzana L.

Los buzones cercanos habían empezado a colapsar desde el sábado en la noche. Los primeros en atorarse fueron dos ubicados en ambos costados de la avenida Panamericana, frente a Mariscal Tito. El tercero fue el de Ignacio Merino. Ayer, la hora crítica fue a las 8:00 a.m. Si el agua no salía por las cajas domiciliarias del desagüe (las de las veredas), lo hacía por los inodoros.

¿Y la causa? Cuando se lo pregunto, Marcos Correa, vecino de Germán, sube a su Charade rojo, maneja veloz hacia los buzones anulados, infla el pecho y mira con furia hacia los edificios del condominio Los Pinos de la Plata y detrás,  los de la pPolicía. él está seguro -muchos de sus vecinos también lo están- que los problemas aumentaron porque su ya deteriorada red de alcantarillado ahora soporta los desechos de los edificios de ese condominio. “Ellos allá muy tranquilos y nosotros padeciendo con las aguas negras y los zancudos”, dice.

La lluvia de 3,9 milímetros registrada ayer en Piura tal vez aceleró el colapso, pero el principal problema es la excesiva recarga de desechos, insiste.

En otra esquina de la L, un abuelo que se quedó a cuidar a su nieta de pocos meses de nacida, confiesa que si no fuera porque los aniegos bajaron el valor de sus viviendas, él ya se habría ido a vivir a otro sitio. Un conocido sicólogo ya se fue a vivir a Santa María. él, que ya no sabe cómo librar a su nieta de insectos y malos olores, ya se habría mudado, sino fuera porque nadie le da los 60 mil dólares que vale su casa de dos pisos.

¿Y qué solución propones tú como estudiante? Que las autoridades solucionen, reclamamos y todo sigue igual, respondió Kari Valdivieso, sin dejar de mirar su celular, mientras se iba acelerada a su clases en la Universidad César Vallejo. No hay mucha unión entre vecinos, hay quienes no reclaman porque son inquilinos, secretea un ingeniero minero que acaba de llegar de viaje.

-Dijeron que iba a venir Metro. Muchos creyeron que las casas se iban a revalorar. Nos habría gustado abrir negocios, una anticuchería, atraer gente. Con esto, ¿quién va a querer venir?

Me dice German y se disculpa por la rata muerta junto a la puerta. Y tal vez en pocos meses ya no le encuentre por aquí. Su familia también piensa mudarse.

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1 comentario»

  Manuel Masías wrote @

Los excesos literarios que intenta el autor de esta nota diluyen -o anecdotizan- la realidad difícil de la urbanización que he vivido, y aun vivo, a la distancia, en primera persona. Pienso -y así se lo he hecho saber a Luz María, quizá con menos elegancia porque lo escribí con la cabeza caliente ni bien leí esta “nota”- que en la prensa, ante situaciones difíciles, se debe ser más fáctico y menos poético. No porque no guste el arte, sino que ante esto, ¿cual sería el siguiente escalón? ¿una oda al ladrón o al político corrupto en un diario?.

Igual exhajero, pero igual no…


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