La contaminación que nunca falta en la cuadra 17

Lucas Jiménez. Diario El Tiempo – Piura. 

Cuatro años después de soportar el constante afloramiento de desagües, vecinos de la cuadra 17 de la calle prolongación Pachitea de Santa Isabel, exigen tener acceso al expediente técnico de las obras del PAS, para conocer el problema y exigir soluciones técnicas y definitivas. En los dos últimos días, los moradores sufrieron una tarde, una noche y una madrugada inhalando olores nauseabundos, producto del habitual afloramiento en la zona.

Sofocada por el Sol de las 10:30 de la mañana, un ave baja a tomar agua.  “¡Pobre palomita!”, suelta su compasión una rubia, al ver que el animal calma su sed en una laguna de desagüe, más negra que el gris de sus plumas. Estoy en la cuadra con más vertimientos contaminantes de la Urb. Santa Isabel. Aunque los vecinos dicen, sin preguntarles, que el problema es diario, que viene de hace cuatro años y que se agrava porque el Consorcio Santa Isabel, encargado del cambio de redes en la urbanización, necesita bombear las aguas hacia el colector que pasa por la exavenida Málaga, pero el bombeo se dificulta porque allí hay trabajos del Consorcio Piura, que -aseguran- no ha hecho los empalmes necesarios. Y aunque hay bombeo, los buzones colapsan. Y al final, el mal de siempre, el agua termina empozada aquí donde la paloma acaba de contaminarse. A veces, a la mujer que mira el ave y tal vez a todos los vecinos de establecimientos cercanos, al guardián de un depósito del Satp y a las veinte familias de una residencial que en vez de calle miran espejos de agua fecal, les gustaría volar como el ave, para huir de esta pestilencia, por donde pasan todos los desechos de las urbanizaciones Angamos, Santa Isabel, San Felipe y hay más.

“Si tuviera el dinero, yo me voy de acá”, dice Cecilia Guerra y mejor no mira. Prefiere ignorar esos espejos de agua abismalmente diferentes de la pista bonita que encontró el día en que llegó a vivir aquí. Tres años después, esa calle donde sus hijos deberían estar paseando en bicicleta, es una cloaca. Arriba en su departamento B2, esa ilusión de vivir mejor se fue esfumando, ha dado paso al mal olor que se cuela por la ventana. Y si no es el agua, su calle les manda polvo con partículas contaminantes, incluso su esposo se enfermó de conjuntivitis, dice.  Cecilia arrastra las palabras, gesticula su desconsuelo, cansada de vivir en la cuadra 17 de la Prolong. Pachitea, porque ayer (martes) a las 2:00 p.m. otra vez se salió el desagüe. Otra vez durmieron y amanecieron con la maldita emanación en los pulmones, nuevamente los niños del Colegio Praderas del Norte no han podido hacer un simulacro de sismo porque la calle, su zona segura para evacuar, aún está inundada, y los taxistas otra vez se niegan a pasar por aquí.

  – ¿Qué hacemos… a dónde podemos ir?

Concluye Cecilia. Y aquí lo que más falta son respuestas. Intenta dar la suya el abogado José Sarmiento de la Oficina Defensorial de Piura, que ha llegado a atender la queja. Ya no aflora el desagüe y habrá desinfección, les dice, repitiéndoles el ofrecimiento que vino a hacer a los vecinos un ingeniero de la EPS Grau. Pero entre los afectados también hay un ingeniero, Guillermo Gouro Mogollón, quien no está dispuesto a rendirse. Y exige tener acceso al expediente técnico del PAS para entender el problema y sugerir una solución. Al profesional no le preocupan las formalidades para denunciar a los responsables por tremendo atentado contra la salud y el medio ambiente. Le indigna la reacción de las autoridades (Municipalidad y EPS Grau) cada vez que piden soluciones. “Para venir, verificar y accionar no se necesita tanto documento, sólo buena voluntad. Ha venido un ingeniero de la EPS Grau. Dice que van a mitigar lo que ya sucedió, pero no nos da una solución duradera”. Como ingeniero, dice que si hay un problema, hace tiempo que debería haberse pensado en cómo mitigar el impacto. Disminuirlo. “Pero  no se siente. El problema es de todos los días”. Ahora mismo la caja del desagüe del ingeniero envía olores. Y ya lleva tres semanas. Cuando se ha ido el comisionado de la Defensoría, los vecinos se miran. Irán a otras instancias, dicen. Tomarán otras medidas. Pero en su tono de voz, casi no hay esperanza. Saben que ya enviaron un oficio a  la Fiscalía del Medio Ambiente, ya intervino una vez más Defensoría. Pero al final, todos, incluido el periodista… todos se van. Sólo ellos se quedan a lidiar con este olor.

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