Venden a escolares “autorizaciones” para viajar sin permiso de sus padres

A la falta de control por parte de numerosas empresas que permiten viajar en sus unidades a menores de edad, sin exigirles sus documentos personales, se suma la irresponsabilidad con que algunos jueces de Paz estarían entregando “autorizaciones de viaje”, tal como evidencia el caso de algunas alumnas de La Arena. Una de ellas, quien fue ubicada en Lima, logró viajar junto a otra escolar, con un documento firmado por un juez, pese a que las firmas de “autorización” de sus padres eran falsas.  El motivo, buscar trabajo. Pero ¿todas van a lugares seguros?

-Sus tres compañeras que hoy no vinieron al colegio, han desaparecido. ¿Alguien sabe donde están?

Las niñas de Quinto C del Colegio Alejandro Sánchez Arteaga, enmudecieron. Pero al silencio le siguió el “dicen por ahí”, cuando la tutora Gladys Sullón León se puso severa. Esa mañana del 17 de diciembre (de 2010), la maestra se había sorprendido cuando dos madres llegaron preocupadas. Y hasta se alarmaron y rompieron en llanto al confirmar que sus hijas no estaban en el plantel. Las habían enviado a estudiar, pero en el camino tomaron otro rumbo, ilusionadas porque el “primo” de una de ellas, les había conseguido trabajo en Lima. Tal vez ya estaban viajando.

Cada diciembre, conforme se acerca la clausura del año escolar, aumenta la “fiebre” del trabajo entre los estudiantes promocionales de La Arena, uno de los distritos más pobres del Bajo Piura. Ellos se marchan a “embarcarse”, trabajan en labores de limpieza o en cocina, de alguna embarcación, especialmente extranjera. Y ellas corren a emplearse, limpiando concha de abanico en las caletas sechuranas. No todas. Un gran número sueña con ir a la capital. La mayoría dice que se va a empresas textiles, otras a ser empleadas del hogar.

¿Todas van a lugares seguros?
Del Sánchez Arteaga, sólo un 15% sigue estudios superiores, lamenta la maestra Gladys, quien esa mañana de diciembre  se puso seria, preguntando a toda la clase dónde podían estar las desparecidas. Por fin, algunas alumnas revelaron que días antes, y pensando en irse, las tres escolares habían estado llevando y escondiendo ropa  para el viaje en una vivienda. La profesora y las madres, entendiendo que tenían el tiempo en contra, corrieron hacia allá. Las llevaba en su mototaxi, el padre de una de las desaparecidas. Esperaban encontrarlas cambiándose. Era tarde.

La “casa” escondite, en un asentamiento cercano al colegio, era minúscula. De esteras y calamina. La alumna que las guió hasta allí, aseguró que ése era el lugar. Pero al tocar nadie abrió. “Los vecinos se cerraron y dijeron que no vieron llegar a ninguna chica, que no y no”, diría meses después Gladys. Esa mañana el misterio aumentó, cuando descubrieron que una de las tres chicas no viajó. Era justamente la prima del misterioso joven que les “consiguió trabajo en Lima”. Al ir a buscarla a su vivienda, intentó justificarse diciendo: “Miss, no me voy a ir”. Pero no hizo pasar a la tutora, ni a sus acompañantes. Les habló bajito y fuera de su casa. Al oírla, la maestra se preguntó ¿por qué justamente la prima no viajó? No tuvo tiempo de responderse. Había que apurarse si querían impedir el viaje de las otras dos jovencitas. Al rato, el mototaxi se detenía en la Comisaría de La Arena. Sentaron la denuncia 268 por desaparición y un policía llamó a la Policía de Carreteras. Pero era poco lo que podían hacer. Sin saber siquiera en qué empresa viajaban, los de Control de Carreteras tendrían que detener todos los buses rumbo al sur. El padre desesperado fue hasta el trébol de la salida a Chiclayo, a ver si los policías le ayudaban a encontrar en alguna ventana de bus a su trigueñita de 16, de cabello lacio y ojos negros. Pero se cansó de mirar el vaivén de llantas y tubos de escape en la inmensidad de la pista, y mejor dio vuelta a su mototaxi con amargura.

ANTE LA DIRECCIÓN DE EDUCACIÓN
Según se conoció, copia de una de las autorizaciones en la que se falsificó firmas de los padres de familia y otros documentos, fueron entregados a la Dirección Regional  de Educación, donde la directora Aurelia Pasapera tomó interés en el caso, prometiendo empaparse de la situación, antes de tomar alguna medida según sus atribuciones. Pues, se sospecha que los casos son numerosos, poniendo en riesgo a los escolares de diversos colegios, especialmente los de sectores de mayor pobreza, en la región.

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