Ángel estaba chancando limones en el baño del hotel Santa Ana, cuando empezó a caer en desgracia. “Fueron segundos en los que caí”, decía días después al final del pasillo del segundo piso de la Divincri Piura, cuando trataba de recuperar los ahorros de toda la vida. Allí mientras esperaba en vano la devolución de sus billetes, iba a recordar que en más de 30 años de mecánico Diesel, Angel Sis Tocona Barriga, con grado de técnico superior, ni una sola vez fue estafado.
No sé qué me pasó, lloraría con sentimiento puneño, ya sin un sol en el bolsillo, pero esa tarde del 20 de setiembre mientras chancaba los limones junto al inodoro del hotel, cerca del paradero de Fiori, en las afueras de Lima, realmente se convenció de que esas gotas ácidas, verdosas, mezcladas con el “líquido duplicador de billetes”, iban a hacer el milagro de convertir sus diez mil soles, recién retirados del Banco de Crédito, en veinte mil. Mucho más rápido, si le agregaba el jugo y sumo de los limones cebicheros. Mucho más rápido si salía hacia la habitación, donde el hombre de barba hebraica, dirigía el “experimento”. Aunque salir a ver a su supuesto socio, fue como ingresar a un congelador:
-El pomo de tinta se reventó… ha diluido los billetes.
Ese fue el primer error, porque hasta esa tarde, en la mente del puneño que cuida de su madre en la avenida Túpac Amaru 410, en Juliaca, su sueño de la multiplicación de los billetes con tinta, iba sobre ruedas. Todo había empezado el 18 de setiembre, cuando llegó a Piura con la idea de mejorar sus ingresos. Trabajador de una minera en el Sur y luego en una empresa de Trujillo, Ángel quería mejorar sus ingresos como lo habían hecho unos amigos piuranos que ganan dos o tres veces más que él. Ese era su proyecto mientras viajaba a Piura el 18, cuando de repente, se cruzó en su ruta una joven piurana que se hizo su amiga. Tan amiga que terminó llevándolo a su casa de Nueva Esperanza (altura del exrestaurante Motocros), donde el presentó a su padre Efraín Díaz Gálvez en la manzana J-10. Era un hombre blanco, carirredondo que inspiraba confianza. Con casa de dos pisos, combi en la cochera, y una barba granizada, lo convenció de asociarse para iniciar un negocio de arroz.
Ángel sacó dos mil soles y entregó a su nuevo amigo piurano. Fue cuando el barbado le preguntó si -para empezar con un mayor capital- quería “duplicar” su dinero sometiéndolo al líquido marrón. El experimento consistía, según le dijo Díaz, en cortar papeles del tamaño de los billetes, frotarles un polvo marrón, unir el papel con el billete presionándolos para luego sumergirlos al líquido mágico. Ángel no sabe cómo lo hizo, pero ese día, el barbado probó con un billete y al rato le devolvió dos. E incluso para que no dude le hizo depositar el billete en un banco de Piura, donde lo recibieron sin problemas. Claro esos billetes era auténticos, dice ahora el puneño de la chompa tan gris como su suerte. Pero ese día realmente se convenció de asociarse con el hombre del líquido. Le entregó dos mil soles y no dudó en aceptar la propuesta de Díaz de iniciar un negocio de venta de medicina, para lo cual viajó a Lima.
El 20 de setiembre, Ángel estaba alojado en casa de su hermana Gladys en la capital, cuando lo llamó Díaz, invitándolo para que saque más dinero y vaya para reunirse para duplicarlo en el hotel Santa Ana del paradero Fiori. El mecánico retiró 9 mil 400 y con dinero de su billetera completó 10 mil y entregó al piurano que se puso a verter el líquido -“costoso, lo venden en Colombia”- en un recipiente para hacer el trabajo. Para dar verosimilitud a su estafa, Díaz le dijo que por duplicarle su dinero iba a cobrarle 5 mil. Su acompañante dijo que sí y obedeció la orden de ir a chancar limones al baño.
Lágrimas
Billetes de 200 euros, de 500, también de cien dólares y los frascos de líquidos, y los papeles cortados y el trapo de frotarles una especie de polvo de gamuza. Cerca de la evidencia, el detenido, su barba, los grilletes, qué querrá decir en su defensa este señor Díaz Gálvez: nada, “hablaré con mi abogado”. Foto de frente, de perfil. Lo acaban de traer desde su vivienda de Nueva esperanza y se mantiene sereno. La presentación para las cámaras incluye una explicación de la estafa paso a paso, por el mayor Hilario Rosales. “No sabemos si él falsifica estos billetes en su casa, pero todo lo hemos encontrado allí”, dice. De ser verdad su sospecha, sería el primer caso de falsificación de dinero en Piura. Ya van a ser las 2 de la tarde en la última oficina de Investigación Criminal, cuando todos se centran en los euros y dólares fotocopiados.
Nadie mira a Ángel que mejor ni ha querido mira a los ojos a Díaz.
-Cómo fue cuando se dio cuenta de la estafa, en Lima.
-Me dijo que todo se diluyó. Que lo perdimos todo. Incluso vine a Piura y me siguió diciendo lo mismo. Pero ahora me he convencido, él se cogió mi plata y todo era falso, no podía duplicar el dinero, por eso he ido a su casa a gritarle: “El Mundo da vueltas”. Después fue y volvió con la Policía.









