Partos y muertes por no ir al doctor… un tema pendiente

Lucas Jiménez
Diario EL TIEMPO – Piura. 

Cuando Vilma parió a su primer hijo, se sintió privilegiada de que sea con ayuda de un médico, en un consultorio particular en Catacaos, allí mismo dio a luz a su segundo en casa de la partera, porque a su marido el “jornal” eventual en parcelas de algodón y maíz, no le alcanzaban para más; “el tercero sí cayó acá en la casa, con enfermera”, dice el marido, tres días después de enviudar. El cuarto hijo es el único que nació en la posta y con parto natural como sus hermanos y, tal vez por eso, en el quinto embarazo ella (no sé por qué no dice “nos”) se confió, dice Pascual, el nuevo viudo con camisa arrugada y ojeras de mala noche, un día después de sepultar a Vilma. María Vilma Sosa Chero murió la mañana del tercer sábado de setiembre, cinco horas después de dar a luz a su quinto bebé, en su vivienda de barro del centro poblado Narihualá (Catacaos).

Las mujeres de Narihualá enfrentan la pobreza practicando la técnica preinca del trenzado, que siglos después, las tiene tejiendo bolsos, adornos, paneras, fruteros, llaveros y sombreros con  fibras vegetales. Y ya piensan en la exportación, dicen las notas de turismo de Google. El trenzado debe ser la maravilla de algunas, pero a Vilma el oficio de ayudar a la suegra a escurrir afrecho para la chicha de jora, apenas si le permitía hacer milagros para la olla de siete bocas. Ni siquiera el Seguro Integral de Salud (SIS), era alternativa, porque “el pasaje cuesta caro, hijito”. Y, cuando siendo chiquita tu madre te regaló a la casa del vecino porque a la vecina todos los hijos se le morían, y cuando a tu hermana Gloria también la regalaron a los 5 años, a la abuela para que no esté sola; en fin cuando entre tus vecinos de las afueras del sector Sur de Narihualá, a nadie le llama la atención que los hijos vengan al mundo en la cama, sin médico, ni remedios (“… pero si yo nací en un corral de chivos y vivo estoy”, dice el vecino), entonces tu concepto de salud tiene años de retraso.

Y tu historia de hija regalada, a lo mejor se repita después de que tu marido, pose con tus hijos para las noticias sobre mortalidad materna y se quede sin respuestas, mirando pasar los burros, las cabras, los perros y los capazos delante de la inmensidad del maizal vecino. Con la sensación de que este color monocromático de la extrema pobreza no ha cambiado en muchos años. 

–Yo le decía anda a la posta. No sé por qué ella no quiso ir (no sé por qué no dice no quisimos).

Cifras
En Piura –según la Dirección de Salud- el 40% de partos  se realiza en domicilios o en consultorios sin condiciones de salubridad, ni calidad en la atención, poniendo en riesgo la salud de la madre y niño, al no garantizar una atención oportuna, en caso se presentaran complicaciones mayores que  desencadenan en muerte. Si tuvieran signos de alarma, hemorragias e hinchazones, dolor de cabeza, ardor al orinar y fiebre, no las controlan o no las detectan fuera de las postas y centros médicos.

Sin bien el Minsa promueve que todas las atenciones pre y post partos, sean 100% gratuitas en los establecimientos de Salud, no es suficiente para evitar casos como el de Vilma. No son solo las condiciones como el que toda embarazada debe realizarse seis controles prenatales como mínimo, con exámenes de laboratorio, para acceder a la gratuidad.

En el país, cerca del 40% de mujeres todavía alumbra en su casa y el porcentaje es menor en zonas rurales (a veces llega 30%), según Rocío Gutiérrez de  Católicas por el Derecho a Decidir Perú, ONG que la semana pasada ayudó a la Diresa a dar un taller sobre embarazos adolescentes en Consuelo de Velasco. Solo el 59% de peruanas embarazadas da a luz en un establecimiento. Y en el mix de factores del incremento de muertes maternas, está el que un 40% de adolescentes peruanos –según el Inei- inicia su vida sexual entre los 15 y los 19 años.

“Muchas mujeres de zonas deprimidas no van al centro de salud por temor de no ser atendidas con calidad, no tienen con quién dejar a sus hijos o porque históricamente las mujeres de su comunidad han dado a luz en su casa”, explica Gutiérrez.

Dice más, que no solo cuenta la atención recibida en el embarazo y en el parto, sino el nivel de educación de las madres, su capacidad de decisión y el compromiso de su pareja, incluso de la comunidad con la salud de las gestantes. En muchos lugares aún prima la decisión del esposo y hasta de la autoridad comunal.

Mas allá del convencimiento de las necesidad de ir a los servicios públicos o privados, hay factores que complica el debate. Incluso en los propios países desarrollados no se ponen de acuerdo. Mientras algunos abogan por el sí ir, crece el número de partidarios de los partos en casa.

Mirada
Alejado de esa polémica y de las oficinas públicas, donde se siguen sin lograr políticas que reduzcan las cifras de vergüenza de la ausencia de las gestantes en los centros asistenciales, Pascual Valencia Sosa, solo sabe que el Sis no es una solución, no lo fue en su caso. Porque él tuvo que pagar todos sus ahorros, su préstamo de 500 soles y, con los 3 mil soles de cajón, nicho y capilla, tiene más preguntas que respuestas.

Si antes fue el algodón, ahora es el maíz amarillo duro, que ya casi no da trabajo. Más cuando se integra el grupo de los sin tierra. Si antes Narihualá fue el principal asentamiento de la nación “Tallán”, el centro político – administrativo, siglos después, es un moridero triste. Lo fue para Vilma.

PRIMERIZAS
Las mujeres que darán a luz por primera vez y lo hacen en casa, tienen mayor riesgo de sufrir complicaciones como la angustia o la falta de oxígeno, que las que terminan su labor de parto en el hospital, según un estudio de la Universidad de Oxford (Reino Unido) (*). Este tipo de riesgo podría convertirse en un peligro y pone en límites delicados la vida del feto con consecuencias como el fallecimiento en la primera semana, lesiones cerebrales, fracturas y heces en los pulmones.

Mientras en una unidad de obstetricia de cualquier hospital sólo se presentan problemas graves 3,5 veces en cada mil nacimientos, la cifra se eleva a 9,5 por cada mil bebés, si la progenitora opta por tenerlo en casa, señala el estudio realizado el año pasado en 65 mil nacimientos de bajo riesgo.

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