El grito de fe de los peregrinos retumba en los cerros

fiesta del cautivoEstamos a siete kilómetros de Ayabaca. El silencio del campo se rompió esta madrugada con el grito de “Viva el Señor Cautivo”. El eco multiplicó la voz de miles de peregrinos y desde entonces la multitud no se cansa de alabar al Cristo Moreno. Tambores, panderetas y guitarras acompañan a los devotos que desde Los Molinos de Sangulí hasta la Cruz de Palo Blanco, forman una cola de ocho kilómetros y con paso cansado pero con el corazón lleno de esperanza caminan par, al filo de la media noche llegar a la ciudad de Ayabaca.

Cada peregrino lleva en el corazón un pedido especial, un agradecimiento, una promesa. Muchos caminan por la salud de las personas que aman, por el bienestar de la familia, por el perdón de los pecados y las faltas de los hijos y de las propias. Cada pedido, cada gracia implica una promesa. Caminar, por uno, dos, cinco o diez años desde el lugar de residencia hasta los pies del Cautivo. “Yo caminaré hasta que ya no pueda”, “Este es mi quinto año, volveré el próximo”, “Camino por la salud de mi madre”, son las expresiones de esta multitud vestida de morado y amarillo que quiere hacer el sacrificio de Cristo mismo en su camino hacia el Gólgota.

Para hoy a las diez de la mañana está prevista la primera misa de fiesta. Será oficiada en el atrio de la iglesia Nuestra Señora del Pilar. El 12 de octubre está dedicado a la patrona de Ayabaca, la Virgen del Pilar. La misa la oficiará monseñor Daniel Turley.

A las once de la mañana se iniciará la procesión de las imágenes de la Virgen del Pilar y del Cautivo Peregrino.  Mientras tanto los peregrinos que aún no han logrado ingresar al templo permanecen de pie o de rodillas en las calles esperando su turno para ir a venerar la imagen.

 

Los penitentes

Los devotos penitentes quieren llevar al máximo su sacrificio y van por las calles de rodillas, arrastrándose sobre sus espaldas o sobre sus manos y brazos. “Así se lo prometí a mi Cautivo”, es la voz de estos hombres y mujeres que no les importa las piedras del camino, el inclemente sol o el frío de esta ciudad andina. El objetivo de cada peregrino estará cumplido cuando haya tocado la vestidura de la imagen por  treinta segundo o un minuto. Después de ello, recién van a buscar un lugar para comer o descansar.

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