Claudia Rentería. “Mi vida es un milagro… ¿Cómo no creer en Dios?”

Claudia RenteriaEs la encargada de la Oficina Regional de Personas con Discapacidad. Una silla de ruedas la ha acompañado gran parte de su vida mientras el movimiento de sus músculos se ha ido deteniendo. Pese a ello, nada ha sido impedimento para que Claudia Rentería Garcés trate de hacer su vida cumpliendo sueños y metas. Ha paseado en caballo y en moto lineal, ha ido al Cusco para conocer el reloj solar, se ha bañado en el mar. “Si yo tuviera las manos y piernas de otros, ya estaría en Marte”, bromea.

La imagen de Claudia Rentería Garcés es imponente en la oficina que ocupa en el Gobierno Regional. Tiene frente de ella una computadora a la cual mira con atención mientras organiza lo que está pendiente.

La distrofia le ha ido paralizando el cuerpo. Apenas si le queda una mano para intentar mover el mouse o el teclado. A pesar de esta situación, sigue adelante porque lo que no se detiene ni jamás encontrará límites en ella, son las ganas por seguir en la lucha para lograr una mayor igualdad en el trato a las personas con discapacidad.

Claudia sabe que llegará el día en que pierda el movimiento en esa única mano. “Es lo que sigue. También tengo dificultad para comer y tomar agua… no puedo respirar bien en las noches; me dan calambres… Voy a perder poco a poco el habla, luego la visión y tendrán incluso que hacerme una traqueotomía para ponerme un aparato que me ayude. Finalmente, vendrá un paro cardíaco respiratorio”, describe con sorprendente calma.

Tiene tan clara esta realidad y dice que ha tenido que asumirla para fijarse lo que quiere lograr. “La persona con discapacidad debe aceptarse. Imagínate que un día amanezcas y ya no puedas mover una mano, otro ya no puedas mover la otra, levantar tu cuchara ni peinarte. Todos los días tienes que ir acostumbrándote a que tu cuerpo cada vez va cambiando, sirviéndote menos para tus actividades. Esto es una lucha contigo mismo y cuando lo aceptas, sigues adelante”, menciona.

A diferencia de lo que muchos pueden pensar, por su estado diferente, Claudia es una mujer muy creyente, que no tiene reclamos hacia Dios. “Es que mi vida es un milagro. A mi padre y a mi madre les dijeron que yo viviría hasta los ocho años. Ya tengo treinta y seis. Me ha dado de todo -asma, bronquitis, varicela tipo hemorrágica- y sigo aquí… ¿Cómo no creer en Dios?”, reflexiona.

Para ella, esa distrofia muscular ha sido más bien una oportunidad para demostrar que puede desarrollarse tan igual que los demás, “a pesar de tanto obstáculo”.

 

De carácter

Claudia Rentería es conocida en Piura por tener un temperamento fuerte que la ha llevado a liderar a las personas con discapacidad para decirles a las autoridades que tienen que preparar las calles para los ciudadanos diferentes, o exigir con proyectos que se les atienda en sus demandas.

Ella no se califica como aguerrida o peleona. Prefiere decir que es cargosa. “Sí, eso soy… pero creo que tengo la obligación de serlo. En mi caso tuve que hacerme cargosa, porque cuando era niña, a mi hermana y a mí nos han discriminado mucho”, comenta.

Y es que el camino no ha sido fácil para ella. Debido a la discriminación tuvo que dejar, al igual que su hermana, el colegio. Fue en el Centro Especializado de Rehabilitación Profesional (Cerp) donde a través de un convenio con un programa no escolarizado, pudo terminar la Secundaria. De ahí vino la universidad.

Ingresó a dos: a la Universidad Nacional de Piura, para estudiar Lengua y Literatura, y a la Universidad César Vallejo, a Derecho. Se decidió por lo segundo, pero ahí también tuvo que superar obstáculos.

“Me caí alguna vez cuando un compañero me cargaba, porque solo había escaleras… Algunos profesores no sabían cómo adaptarse a una persona con discapacidad. Una vez llegó uno que nos dio las hojas de examen y dijo que teníamos diez minutos para resolverlo. Ese día no me había acompañado nadie para que me ayude a escribir. No pude desarrollar mi examen, pero no fue porque no supiera”, aclara.

También tuvo obstáculos para cuando le tocó realizar sus prácticas preprofesionales. “Tuve que batallar, porque decían que no podía hacer horario completo, pero lo hice”, expresa. Cuando le tocó empezar a ejercer, la historia no cambió mucho. “Siempre he tenido que estar diciendo a los demás, ‘los voy a demandar, voy a presentar un habeas corpus’ para que me hagan caso… A la sociedad le falta entender que no nos hace favores, sino que estamos ejerciendo nuestros derechos”, enfatiza.

 

VALOREN LO QUE TIENEN

Si una cosa no entiende Claudia, es el porqué la gente, teniendo todas sus facultades, se queja de los problemas y se deprime. “Yo a veces las escucho, pero no puedo dejar de decirles que cómo pueden abatirse si tienen sus manos, sus piernas… les digo que me vean a mí… Les falta valorar lo que tienen”, expresa.

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