“Ángeles somos… del cielo bajamos”

angelitos velacionesPor. Teo Zavala Palacios

Mañana es el Día de Todos los Santos y en diversas comunidades de nuestra región esta fiesta se celebra en los cementerios, con dulces, comilonas y coronas de flores naturales o de papel. Es la fiesta de la recordación de los seres queridos, es el culto a la muerte. En las comunidades de Ayabaca, la fiesta de Todos los Santos empieza muy temprano con la miel y los dulces a los niños.

 

Las madres que perdieron a sus hijos buscan a los niños de edades similares a las de los difuntos para ofrecerles miel de abeja, o miel de caña de azúcar si son muy pequeños o dulces como mazapanes o caramelos. “Come por fulanito”, es la frase que se repite durante las primeras horas de la mañana. Las madres aseguran que se debe decir “come por…”, porque hubo una vez una mujer que le dijo a un niño “llévale a fulanito” y el niño murió al instante, según se cree, se fue a cumplir con el encargo.

En el Bajo Piura esta tradición se celebra por la tarde del 1 de noviembre. En la plaza de Armas de La Arena, todos los niños se reúnen y esperan que de los diferentes caseríos lleguen las madres con sus alforjas repletas de dulces y la infaltable botella de miel. Los padres, las abuelas, las tías buscan a niños parecidos a sus hijos, le ofrecen la comida, les dan la bendición y les hacen rezar por el alma de sus hijos. Algunos llevan libretas con los nombres de cada uno de los niños fallecidos en la familia con el fin de que ninguno se quede sin ser recordado.

 

Ángeles somos…

El silencio del campo lo rompen los niños cada 1 de noviembre, por la tarde. Los niños con sus vestidos de fiesta van en grupos a los cementerios, cantando “Ángeles somos… del cielo bajamos…pan con queso pedimos”… Algunos llevan ramos de flores o coronas elaboradas con papel de cometa. Durante dos horas los niños rezan en diferentes tumbas, colocan sus ofrendas, siempre guiados por un mayordomo.

Cuando está a punto de ocultarse el sol, en el patio de la capilla reúnen a los pequeños en la capilla del camposanto y cada madre de familia saca de su alforja deliciosos manjares. Naranjas, plátanos, mazapanes, caramelos, empanadas, limas, trozos de caña caen en las copas de los sombreros de cada uno, y al final el pan con queso con un vasito de guarapo.

 

Los grandes

Para los adultos, la fiesta empieza cuando oscurece. Las mujeres adolescentes tienen la tarea de adornar la capilla del cementerio y por ese honor deben ofrecer, a los asistentes, café con pan con queso y una copa de aguardiente caliente. Esto es el inicio de la fiesta, en la cual sobra la comida, la música, el baile y la bebida.

Los cementerios, por dos días dejan de ser el lugar de tranquilidad y paz y se convierten en ferias, aunque todavía se guarda respeto por los muertos, en los alrededores se come y se baila. El recuerdo del ser querido va quedando poco a poco en lo más profundo del corazón.

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