Consolidación de la agricultura familiar: una estrategia para salir de la pobreza

Un informe de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en base a un estudio aplicado en varios países de la región, identifica tres categorías de agricultura familiar:

La agricultura familiar de subsistencia (AFS): caracterizada por estar en condición de inseguridad alimentaria, con escasa disponibilidad de tierra, sin acceso al crédito e ingresos insuficientes. Generalmente están ubicadas en ecosistemas frágiles de áreas tropicales y alta montaña; y forman parte de la extrema pobreza rural.

La agricultura familiar en transición (AFT): emplea técnicas para conservar sus recursos naturales, cuenta con mayores recursos agropecuarios y, por lo tanto, con mayor potencial productivo para el autoconsumo y la venta. Si bien son suficientes para la reproducción de la unidad familiar, no alcanzan para generar excedentes suficientes para desarrollar su unidad productiva, además su acceso al crédito y mercado es aún limitado.

La agricultura familiar consolidada (AFC): dispone de un mayor potencial de recursos agropecuarios que le permite generar excedentes para la capitalización de su vida productiva. Está más integrada al sector comercial y a las cadenas productivas, accede a riego y los recursos naturales de sus parcelas tienen un mejor grado de conservación y uso, pudiendo superar la pobreza rural.

La base de los agricultores familiares en la CAN –un 66%– corresponden a la categoría de Agricultura Familiar de Subsistencia (AFS), lo que demuestra que este sector se encuentra en situación de riesgo y requiere políticas de apoyo para permitirles ingresar hacia una franca transición hacia la seguridad alimentaria y la integración a mercados locales con la finalidad de consolidarse económica y socialmente sin descuidar el uso responsable de los recursos naturales.

El informe de la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Banco Interamericano de Desarrollo (FAO/BID, 2007), establece que en la estructura de ingresos familiares, el peso de la producción agropecuaria es cerca de un 80% para los países de la Comunidad Andina, incrementándose en la medida que la unidad productiva esté más consolidada.

Ello indica que en la medida que se consolida la gestión de las fincas familiares en forma sostenible, la economía familiar consigue autogestionarse a partir de lo que produce, no sólo para su subsistencia sino también para el intercambio comercial, haciendo de su finca el centro mismo de desarrollo, de generación de ingresos y abastecimiento de la familia.

María Jazmín Osorio Sánchez, exdirectora general de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), en Colombia, afirma que la agricultura familiar agroecológica, vista como una alternativa para las comunidades rurales, “constituye una alternativa y, en algunos casos, la única para la recomposición social de nuestros pueblos”. “Trabajar en el desarrollo de proyectos de agricultura familiar y ecológica no sólo fortalece los lazos de nuestros núcleos familiares, sino que garantiza el desarrollo de acciones de conservación de nuestra biodiversidad y mantiene la sostenibilidad de los recursos naturales, para las generaciones futuras”, manifiesta.

“La seguridad alimentaria, la agricultura ecológica y la reconversión de prácticas agrícolas son posibilidades para ofrecer más y mejores condiciones a nuestras poblaciones, para ratificar nuestro compromiso con la vida”, precisa Osorio Sánchez. Por su parte, Javier Rivera Laverde, directivo de la Asociación de Pequeños Caficultores de la Marina (Asopecam), en Colombia, afirma que la agricultura familiar a pequeña escala es una alternativa de desarrollo sostenible para los pequeños productores rurales de los países andinos.

“A través de ésta se revalorizan los saberes y prácticas ancestrales agroecológicas, las cuales se fundamentan en el respeto por la vida, la madre tierra, el cosmos y las divinidades, todo en integralidad con la producción de alimentos sanos, recuperación y conservación de las semillas criollas, revalidación de nuestra historia, conservación del medio ambiente; permitiendo así el intercambio sociocultural a través de los encuentros de semillas, ferias y mercados locales”, expresó Rivera Laverde.

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