El Paraíso perdido

Por
Francisco Febres Cordero
Domingo, 28 de septiembre, 2014

El paraíso perdido

Me encantó la frase con que María Fernanda Espinosa justificó su salida del gabinete: Estamos –dijo– en una revolución y toda revolución necesita un relevo.

Poeta, al fin y al cabo, la exministresa con su paso al costado (como en términos castrenses se llama el tránsito a la retaguardia) dio ejemplo: la revolución debe estar en permanente cambio y quienes la encarnan no deben perpetuarse en sus puestos porque, poéticamente, se transforman de revolucionarios en involucionarios.

Si esa frase no hubiera sido pronunciada por quien ha colaborado con el régimen del excelentísimo señor presidente de la República por siete años, ora como ministresa de Patrimonio, ora como embajatriz del Ecuador ante las Naciones Unidas, ora como vate de Relaciones Exteriores y ora como titular de la Defensa, uno pensaría que la sentencia hubiera salido de los labios de alguna mujer nefasta de doble moral, integrante de las huestes de la restauración conservadora.

Pero no: la poeta dijo que se va porque toda revolución necesita relevos. Con eso está expresando que es inútil seguir discutiendo sobre la permanencia indefinida del excelentísimo señor presidente de la República, quien también tiene que irse porque así lo exige la revolución. ¡Uf! Lo que todos pensamos lo dijo la poeta con su verbo esclarecedor, producto de su inmensa capacidad lírica.

Ojalá tras su salida del ministerio la exministresa no pierda su inspiración y siga iluminando los senderos de la revolución con sus ideas, que son como una chispa que enciende la fogata. ¡Ay no!, qué bruto, después viene la policía y no solo que apaga la fogata sino que coge a cincuenta y los lleva detenidos. Mejor, aunque sea bien poético, no hablemos de fogata.

A mí sí me da mucha pena que se vaya la ministresa, que durante tantos años nos ha estado iluminando con la luz incandescente de su verbo (no se preocupen, que en poesía la luz incandescente no se hace fogata).

Hace pocos días, en uno de sus más altos arranques de inspiración, dijo que en este Ecuador de la revolución ciudadana vivimos en un paraíso donde hay educación, salud, carreteras, democracia y todo mismo. Luego añadió que lo único que sobraba para que ese paraíso fuera perfecto, era la prensa. ¡Qué poeta la poeta! Y es que en la poesía no todo puede ser felicidad, sino que dentro del verso hay un elemento atormentador que es el numen de la creación: la prensa es el lunar que enfeece (ya sé que no se dice así, pero es una licencia poética que nos tomamos los poetas) la belleza de este paraíso.

¡Cómo no vamos a extrañar a una persona que mira con esos ojos la realidad de su patria! Desde la altura de su plinto, contempla el paraíso en que vivimos y ¡oh!, se emociona hasta el infinito para luego, también ¡oh!, llorar a lágrima viva por la existencia nefasta de lo único que corroe, daña, enloda este paraíso, hasta ahora perdido por la nefasta presencia de la prensa.

¡Oh, altísima poeta!: ¡Que nunca calle tu voz y que tus versos sigan guiando a tu pueblo hacia el camino del silencio!

http://www.eluniverso.com/opinion/2014/09/28/nota/4037041/paraiso-perdido

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